Facultad de Ciencias Biológicas

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Editorial

El lenguaje es el pórtico de la Ciencia

Cuando utilizamos las palabras gasterópodo, perihelio o endocarpio, todos reconocemos términos pertenecientes al lenguaje científico. Pero quizá no sepamos cuál es el origen de estos términos y cómo se han formado, en ese preciso momento en que la ciencia ha necesitado poner nombre a sus nuevos descubrimientos y avances.

Todos los términos que forman el lenguaje actual de la ciencia son el resultado de dos mil quinientos años de pensamiento científico, desde el siglo V a.C. hasta la actualidad; en él conviven términos griegos o latinos de siglos de antigüedad junto a otros que se están formando en este preciso momento. Pero, ¿en qué momento de la historia situamos el inicio del léxico científico? ¿Cómo ha evolucionado la creación de tecnicismos? ¿Cómo se ha transmitido el léxico científico a través de siglos de ciencia?

“Se podría decir que la historia de una ciencia se resume en la de sus términos. Una ciencia no comienza a existir más que en la medida en que consigue encajar los conceptos en sus denominaciones”.

La procedencia de tecnicismos se sitúa en las lenguas clásicas: griego y latín, y, en menor grado, el árabe. Pero también lenguas modernas como el inglés, alemán, francés, japonés, etc., son fuente importante para el lenguaje de la ciencia. Esto se debe a que, en muchos casos los términos científicos están ligados a la lengua y al lugar donde se han realizado los descubrimientos. No obstante, hay que resaltar que las palabras formadas con raíces y elementos puramente griegos constituyen una mayoría aplastante con relación a las demás.

En Grecia se inicia la ciencia y la cultura en general y, por tanto, Grecia también es la creadora de la terminología científica y técnica. Si bien es cierto que otros pueblos anteriores –babilonios, egipcios, indios- realizaron importantes avances en determinadas ramas de la ciencia y crearon su correspondiente terminología, esto se produce de un modo aislado y fragmentario. En este primer estadio, los griegos se encontraron con el inconveniente de no disponer de términos para la avalancha de avances científicos. ¿De dónde sacar tal cantidad de vocabulario para denominar los nuevos descubrimientos? Lo resolvieron del siguiente modo: crearon una lengua científica a partir de la lengua griega común: peroné significa en griego “clavo, punta”, tráquea es un adjetivo que significa “dura, rugosa”, cometa significa “con cabellera” y planeta es otro adjetivo cuyo significado es “errante, vagabundo”. Poco a poco, palabras del lenguaje común fueron tomando un valor técnico y específico y el paso del tiempo hizo que muchos de esos vocablos adquirieran la condición de tecnicismos. Este proceso se basa fundamentalmente en la analogía de forma, función, etc.

El segundo motivo por el cual la base del lenguaje científico es griega es el hecho de que esta lengua es muy flexible, se presta fácilmente a los procedimientos de formación de nuevos términos a través de la derivación y composición, con sus raíces, prefijos y sufijos. Por ello, lo que hemos hecho en Occidente es, después de la desaparición del griego- y también del latín seguir tomando los elementos de estas lenguas, así como sus procedimientos formativos. Cuando necesitamos términos para designar nuevas especialidades o descubrimientos “combinamos” estos elementos para la formación de un nuevo término. Los siguientes ejemplos ilustran este procedimiento: La palabra griega kutos significa “cavidad, urna” en griego clásico. Posteriormente, su significado se especializa haciendo referencia a las estructuras elementales de las que todo ser vivo está formado. Pero si vamos más allá, mezclando este término con otros también griegos obtenemos citocinesis, citodiagnóstico, citogenética, citología o citoplasma para denominar nuevas realidades científicas. – Pensemos en la terminología asociada a la clasificación del reino vegetal.

Con unas pocas bases léxicas griegas se generan multitud de términos: de fitón (planta), sperma (semilla) y kotiledón (cavidad) obtenemos metafitas, briofitas, cormofitas, pteridofitas, espermafitas, gimnospermas, angiospermas, monocotiledones, dicotiledones, etc. Estos ejemplos nos dan idea de la enorme capacidad creativa del lenguaje científico. Sin embargo, no debemos pensar que estos procedimientos de formación de términos científicos los hemos “rescatado” del pasado en época reciente.


¿Cuál ha sido la vía de difusión del léxico científico griego? El camino general es a través del latín. Aun cuando Grecia fuera conquistada y reducida a ser una provincia romana, se convirtió en maestra y la ciencia se siguió cultivando en griego durante mucho tiempo aún. Los sabios griegos que se trasladaban a Roma escribían sus obras en griego como por ejemplo Galeno, el máximo exponente de la medicina en Roma. Y, cuando los científicos romanos escribieron en latín, mantuvieron las denominaciones griegas. Este léxico mixto entró a nuestras lenguas, bien por la vía de la evolución del latín al romance, bien, más frecuentemente, por vía culta. En España, sobre todo, en la época de la ciencia (s. XIII), en la del Humanismo (s. XV), en la Ilustración (s. XVIII) y en los siglos XIX y XX. También los tecnicismos griegos nos han llegado por otros caminos como el árabe. El escenario fundamental del cultivo de la ciencia en la Edad Media fue el mundo islámico.

Los árabes, independientemente de sus propias aportaciones, introdujeron bastantes helenismos al traducir a su lengua los textos de ciencia griega que caían en sus manos, los cuales Occidente no habría conocido sin estas traducciones. Ligeramente transformados por la anteposición de artículo árabe ‘al’, alquimia, albéitar, alcohol o algoritmo son palabras griegas que han llegado a nosotros a través del árabe. La consecuencia de todo lo expuesto anteriormente no es otra que la universalidad del lenguaje científico.

Las transformaciones que han de sufrir estos términos de origen griego son tan sólo las necesarias para su incorporación a una determinada lengua: tipología, typologie o typology. La lengua científica es una lengua universal que vive dentro de cada lengua particular.


El Editor

 

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